viernes, 31 de julio de 2009

EL CINE COLON EL SALON ESTRELLA

Octubre 12, 2007
La comuna se quedó con el cine de Palmira

Recuerdos. En 1929, año de esta toma fotográfica, el cine estaba en un edificio ubicado en Obrero Ferroviario y Gran Líbano.

Hoy, Vista de la sala del edificio que comenzó a construirse en la década del 40, en calle Alem 144.

Javier Hernández jhernandez@losandes.com.ar La comuna de San Martín llegó a un acuerdo con los propietarios del viejo cine Colón y compró el inmueble en 550.000 pesos. Ahora, la idea es refaccionarlo y que la sala de Palmira, cerrada a mediados de los 80 por problemas económicos, vuelva a abrir sus puertas a la cultura, el cine y a la actividad teatral.

El acuerdo de compra se realizó en el mismo salón del cine y ante la presencia de muchos vecinos, que se acercaron movidos por la nostalgia y el deseo de que el lugar vuelva a proyectar películas y no sólo se trate de una promesa. "En los años 50 la salida al cine era para nosotros una actividad social muy importante", recuerda Esteban Rauzi, sobrino nieto de Mario Pisiguelli, propietario del cine durante esa época. "Yo tendría unos diez años y los fines de semana nos veníamos con mis padres desde el carril Chimbas (una zona rural cercana a Palmira). Recuerdo con mucha alegría las películas de cowboy, las de guerra y también alguna de amor. Ése era el entretenimiento más lindo del pueblo. Íbamos y veníamos caminando porque en aquellos años no había colectivo, pero le aseguro que valía la pena".

Según el historiador de Palmira, Carlos Chacón, el cine Colón fue fundado en 1927. Nació en la esquina de calle Obrero Ferroviario y Gran Líbano, donde funcionaba también el centro recreativo Villa Dumit, zona que de alguna manera concentraba toda la actividad cultural del pueblo. "A comienzos de la década del 40, el cine se trasladó al club Palmira y en esos años comenzó la construcción del actual edificio, ubicado en calle Alem al 144", explicó Chacón.

En 1978, Enrique Pérez y sus hermanos compraron el edificio. "En mi caso no fue difícil decidirme, ya que era operador de cine desde los 14 años y no sólo conocía el oficio, sino que aprendí a amarlo", cuenta Pérez, que ayer, junto al resto de los propietarios, firmó el acuerdo de venta.

"¿Qué puedo decir? Me emociona saber que el cine volverá a funcionar. Recuerdo que cuando tuvimos que cerrarlo, allá por 1984, fue para nosotros un golpe muy duro pero impostergable, porque de a poco la televisión en color y el video le habían ido quitando público al cine", cuenta don Pérez con los ojos húmedos y sigue: "Después de eso y durante algunos años trabajamos el lugar como salón de baile".

Efectivamente, son muchos los que recuerdan los bailes del salón Estrella de Palmira y hasta el propio intendente, Jorge Giménez, contó ayer haber ido a bailar muchas veces "aunque para ser sincero, tuve muy poca suerte con las mujeres". Finalmente, los últimos años del Colón sirvieron para que el salón fuese alquilado por una iglesia evangelista. "Era mejor eso que cerrarlo. Si de algún modo se ha mantenido en buenas condiciones, es porque siempre estuvo en actividad, aunque no tuvieran nada que ver con el cine o el teatro", dijo Pérez.

El acuerdo firmado deberá ser avalado por el Concejo Deliberante y establece un primer pago de 17.500 pesos repartido en cuotas, plazo que servirá para conseguir el desembolso del dinero restante que, según explicó el intendente, vendrá de la Secretaría de Cultura de la Nación.

El Colón todavía conserva en su lugar los dos grandes proyectores originales; la sala, salvo algunos deterioros propios del paso del tiempo, se encuentra en buenas condiciones; al frente hay un escenario de 14 metros de boca, con camarines en el subsuelo. "El edificio está en buen estado, hay que hacer algunos arreglos, pero en general está bien cuidado. Ahora vamos a reunirnos con la gente de la cultura que vive en Palmira para que, entre todos, avancemos en el proyecto que queremos para el nuevo cine", concluyó el intendente.

Fuente: Diario LOS ANDES

TE ACORDAS DEL COPACABANA?

¡EL "COPA" UN LUGAR COPADO!

En febrero de 1995 el mosquito editaba el segundo número... Hoy hacemos un poco de memoria pensando en todos aquellos que nos piden historias.

Desde hace 56 años ocupa un lugar privilegiado en el corazón de los habitantes de nuestra querida Palmira. ¿Quién desde su tierna infancia no recuerda el helado de chocolate o los antiguos carnavales en la Confitería Copacabana?
Oriundos de Sicilia y Calabria, los padres de Salvador Romeo y Antonia D’Angelo se radicaron en el poblado de Reducción (Dpto. De Rivadavia). En esos parajes transcurrieron su infancia y adolescencia. A los veinte años de edad deciden unirse en matrimonio y radicarse en Las Heras. Pero transcurrido un corto tiempo deciden regresar a Reducción y desde aquí se lanzan en busca de nuevos horizontes hacia Palmira. Corría el año 1945.
“El mosquito” dialogó con Gladys Romeo, heredera de esta historia de amor y trabajo, entre helados de distintos sabores y cafés amargos.
Ambos comenzaron trabajando en la cantina del Club Palmira, pero Antonia también se las ingeniaba para hacer tareas de costura.
En el año 1951 se cambian de domicilio a Alem 152, frente al Club, y es aquí donde inician la tarea de fabricar el helado en forma manual, con el asesoramiento de don Raimundo Acuña, quién ya en esa época hacía helados con hielo y sal.
Después de casi diez años logran comprar la primera fabricadora mecánica. Y es así que con el correr del tiempo la Confitería y Heladería COPACABANA se convirtió en la parada obligada de los viajeros procedentes de Buenos Aires. Destino que, quizás si nos remontamos a tiempos de Doña Palmira, venía teniendo el poblado ya que los carreteros también debían hacer un alto antes de cruzar el río. Claro está que después vino “la variante”, después “la panamericana” y después hasta nos quedamos sin ferrocarril. Pero sigamos con nuestra historia.
Los acontecimientos que en este lugar se produjeron no fueron moco de pavo.
Aquí desayunó varias veces el presidente Frondizi, quién luego de bajar de su Ford negro con su custodia, dialogaba en un tono muy cordial con los dueños sobre la situación vivida en esta parte del país. Qué tal? Increíble, no?
En la revolución del 55, se le sirvió el desayuno gratis a los soldados que estaban en la estación del ferrocarril. Y si de desayunos inolvidables se trata, nadie olvida la época gloriosa del basquet en el Club Palmira cuando desayunaron en el “Copa” equipos nacionales e internacionales.
Con el correr de los años esta confitería se convirtió en la parada obligada de los que viajaban hacia la capital de nuestra provincia y así llegó a estar abierta veinte (20) horas al día!! Todo un record, no?
Los grandes acontecimientos de la calle Alem (por entonces el centro comercial más importante del pueblo) tenían su culminación o punto de desarrollo en este lugar; como por ejemplo los carnavales. Los niños concurrían disfrazados a su inmenso patio (foto)
El centro comercial del que hablamos estaba compuesto por la Estación de Servicio Shell, que estaba ubicada en la esquina de Alem y San Martín, la vidriería Tripi, la farmacia de Don Chivas (Del Pueblo), el Policlínico Ferroviario, la ferretería Blazquez, el consultorio del Dr. Culotta, la gomería Pizarro, la librería y mercería Coniglioni y las tres mueblerías: Jorge Chiaramonte,Chichino Muebles y Horacio Chiaramonte, entre otros.
También eran habituales los elencos de las compañías de teatro que por entonces hacían sus presentaciones en el Cine Teatro Colón.
Del primer cine en Palmira el “Copa” conserva una verdadera reliquia, el ventilador de techo, posiblemente de origen inglés. Sus paletas de cedro y su motor intacto han sido testigos del paso de personajes importantes como Leonardo Favio (que filmó una de sus películas aquí cerquita, en la Isla Chica), Nicolino Locche, Palito Ortega, Jorge Cafrune, Alberto Castillo, Julio Sosa, el gobernador Gabrielli y León Gieco entre sabores de higo al wiskie o crema flan...

Etiquetas: Publicación Gráfica Independiente en Palmira 16:25 Publicado por mario campanella
Reacciones:

NO MAS CALLE URIBURU

PALMIRA– Después de décadas de portar el nombre de José Félix Uriburu, primer presidente de facto de la Nación entre 1930 y 1932, la calle Las Palmas del centro de Palmira recuperará esa denominación en los carteles de las esquinas desde el 10 de diciembre. Los vecinos impulsaron la restitución de la denominación Las Palmas, derrocada por la de Uriburu, para cumplir una ordenanza que prohíbe homenajes a dictadores.
Leer mas
Fecha de Carga:09-10-2006 Fecha del Articulo: 09-10-2006
Fuente: Diario Uno

EL PUENTE DE HIERRO MAS QUE UNA PINTADA







El puente de hierro de Palmira necesita mantenimiento

La comuna lo pintó, pero se deben hacer reparaciones en su base y destapar los desagotes. Vialidad promete obras para después de setiembre.
Diariamente transitan cerca de 300 camiones por este puente sobre el río Mendoza.
Notas Relacionadas

* Las claves

jueves, 23 de agosto de 2007

El puente de hierro que a la altura de Palmira cruza sobre el río Mendoza, y que une a esa ciudad con la de San Roque (Maipú) tiene ya un siglo de vida. Y aunque la delegación municipal de San Martín le dio una lavada de cara para su aniversario, pintándolo a nuevo, quedan aún pendientes tareas de mantenimiento cruciales en su estructura, que Vialidad provincial no ha realizado.

"Si bien desde la municipalidad lo hemos pintado, el puente como está no puede seguir, porque el tránsito pesado que pasa por encima está debilitando cada vez más su estructura", explicó el delegado municipal, Domingo Chirino. "La caja de hierro sobre la que circula el tránsito tiene problemas, porque el asfalto colocado encima ha ido tapando todos los desagües, y entonces el agua de lluvia que se amontona sobre el puente lo está pudriendo de a poco.

"Lo que pedimos es que Vialidad tome cartas en el asunto, que corte el tránsito de carga que circula por el lugar, levante el asfalto y destape todos los desagües del puente, que son esenciales para el buen estado de la estructura. En todo caso, que hagamos un trabajo de reparación y mantenimiento en conjunto", agregó Chirino.

Así las cosas, lo que plantea la delegación es que Vialidad desvíe el tránsito pesado que viene por ruta 7 y que, en lugar de bajar por calle Lamadrid para tomar ruta 50 y cruzar el río Mendoza, lo haga por calle Pouget y de esa manera se evite el puente mientras es reparado. "Hay que cambiar algunos parantes, pero fundamentalmente hacer un asfalto nuevo, porque el que existe se ha ido amontonando en las orillas y eso ha tapado los desagües; entonces cuando llueve el agua se acumula y como no puede escapar se filtra por el asfalto hacia la caja de acero que forma la base".

Construido en 1907, el puente de Palmira es una inmensa estructura de acero de casi 200 metros de largo. Por allí circula buena parte del tránsito pesado de la zona, ya que a pocos metros se encuentra la estación multimodal de carga, de la empresa ferroviaria América Latina Logística (ALL). "Más de 300 camiones circulan diariamente por encima del puente; a eso hay que sumar los colectivos y el resto de los vehículos y entonces tenés un tránsito muy importante", explicó Chirino.

Consultados sobre la situación, la gente de la delegación de Vialidad dice conocer el problema. "Ese puente tiene cien años, resulta bastante angosto porque fue pensado para otro tipo de tránsito, y desde hace unos cinco años el tránsito que circula por allí ha aumentado mucho, especialmente el de carga pesada", comentó Raúl Tamagnone, delegado de Vialidad en el Este. El funcionario explicó que un grupo de técnicos de su repartición ya ha examinado el puente y que las “obras de reparación se realizarán después de setiembre. Ahí tenemos que levantar el asfalto, dejar libres los desagotes y volver a asfaltar. Hace más de quince años que no se hace un trabajo de ese tipo sobre el puente de Palmira, y entonces nos encontramos con que hoy tenemos distintas capas de asfalto que se fueron amontonando en las orillas. Mientras vayamos haciendo ese trabajo, vamos a aprovechar para examinar el estado general de la base de la estructura". Javier Hernández jhernandez@losandes.com.ar

DOCUMENTAL DE LA HISTORIA DE PALMIRA

La historia de Palmira según un documental de tres estudiantes

Están en el último año de la carrera de Comunicación Social de la UNCuyo y en 12 minutos resumen la vida de la ciudad, desde su auge hasta la incertidumbre actual. Lo pasarán por Canal (á).

Tres jóvenes que cursan el último año de la carrera de periodismo en la Universidad Nacional de Cuyo tendrán la oportunidad de que Canal (á) difunda el documental que realizaron sobre la historia de Palmira. El trabajo fue distinguido con el primer premio de un concurso realizado por el titular de la cátedra de Televisión y Medios Audiovisuales. La Comuna de San Martín lo declaró de interés cultural y municipal.

Palmira: del auge a la incertidumbre. 1885-1993-2006 es el título del documental que tiene una duración de 12 minutos y que con testimonios de vecinos del distrito da un certero bosquejo del pasado y el presente de la ciudad relacionando su vida directamente con la del ferrocarril.

Fernando Cerroni (22), director y guionista del documental, trabajó en conjunto a Juan José Lanzavechia (23) y con su hermana y compañera de estudios Celeste Cerroni (23), quien fue la responsable de la producción.

“Quisimos aprovechar el desafío para contar la historia de un lugar bien nuestro, en donde también puede verse reflejada la historia del país”, dijo el director del documental.

Fernando recordó que la idea “surgió porque mi abuelo Domingo (camarógrafo aficionado) tiene una archivo fílmico de la zona increíble, cuyos primeras tomas son de 1956”. Esto, sumado a que Lanzavechia vive en Palmira y los hermanos Cerroni son vecinos de San Martín, terminó por definir el proyecto.

“Teníamos una idea madre, pero el documental tomó un perfil bien definido cuando empezamos a entrevistar a los vecinos”, dijo Fernando. Los testimonios decisivos fueron principalmente los de Guillermo Páez y Roberto Loyola, dos ferroviarios jubilados.

Páez, hoy pasados los 70 años, fue maquinista desde la época de esplendor del ferrocarril, por los años ’40, hasta su hecatombe en 1993. “Grabamos con él una entrevista de una hora y media. Fue un problema editarla y meter todo en menos de 4 minutos. La mayoría de lo que contaba era imperdible”, recordó el futuro periodista.

En cambio Loyola les dio a los jóvenes un claro panorama de lo que había ocurrido en Palmira con la privatización del ferrocarril. “Fue una frase suya la que terminó de definir claramente el documental. Nos dijo:¿Qué hará ahora la gente?”.

Y la gente, los vecinos de Palmira, en una gran mayoría quedaron desocupados. Porque junto al cierre del ferrocarril vinieron los cierres de industrias asentadas en el distrito, como Duperial y Noel. “Fue el fin. La incertidumbre. Ya no había fuentes de trabajo y todo cambió”, dice Fernando.

A partir de allí el documental cuenta la desesperanza de un pueblo que cayó prácticamente en el olvido. El director remarca que “hicimos centro en la inseguridad, porque fue el costado más visible que provocó la desocupación”.

Cuatro hitos de la ciudad

1885: llega el tren a Palmira. Años antes los hermanos Clark habían comenzado con la construcción del ferrocarril Andino, después llamado sucesivamente ferrocarril Gran Oeste Argentino; Buenos Aires al Pacífico, General San Martín...

1949: nacionalización del ferrocarril. Algunos vecinos recuerdan cuando vieron pasar el tren “justicialista”, con Evita y Perón.

1958: llegan las locomotoras diesel. Palmira y Junín, en la provincia de Buenos Aires, son elegidas como lugares para ubicar los talleres de reparación y mantenimiento de esas máquinas.

1993: se privatiza el ferrocarril. “Buscamos y encontramos el párrafo del presidente Menem en donde dice: ‘Nada del Estado permanecerá en manos del Estado’”, recuerda Fernando Cerroni.

Pusieron dinero y lo recuperaron

Los tres jóvenes estudiantes tuvieron que recurrir a sus menguados bolsillos para solventar el proyecto. Incluso estuvo a punto de quedar trunco.

“Por suerte el delegado municipal de Palmira, Juan Domingo Chirino, nos ayudó un poco cuando estábamos a punto de abandonar”, cuenta el joven y entusiasta Fernando Cerroni.
Ya terminado el video, un subsidio de la Municipalidad de San Martín les permitió recuperar lo que habían gastado.

Ciro Novelli, titular de la cátedra que ordenó el trabajo, ya les confirmó a sus tres estudiantes que el documental será difundido por el cultural Canal (á).

Mientras tanto los realizadores perfilan su carrera “hacia los medios y no hacia la prensa comercial e institucional, como es la tendencia actual”, subrayó Cerroni.

Fuera del documental quedaron muchos matices de la historia de Palmira, principalmente en lo que se refiere a aquellos lejanos años de esplendor.

Solamente en lo cultural es obligado mencionar como clave el año 1925, cuando se construyó e inauguró el Cine Sonoro Hispano Argentino, hoy franqueado por un irreverente cartel de “se vende”.

Allí dicen que supo tocar la orquesta de Francisco Canaro, el Zorzal Criollo dejó escapar algunos de sus trinos y Alberto Castillo candombeó “¡Siga el baile, siga el baileee...”!

ANTIGUO ESPLENDOR

Palmira quiere recuperar su antiguo esplendor

Palmira es antes que nada un pueblo de gente trabajadora cuya historia siempre ha estado ligada a la suerte del ferrocarril. Hoy, la ciudad que alguna vez supo estar entre las más prósperas del país vive un presente difícil marcado por un índice de desempleo que ronda el 50 por ciento y que condiciona cualquier salida. Sin embargo y lejos de bajar los brazos, los ‘Jarilleros’ apuestan a un futuro que los devuelva a la senda del progreso.
“Vamos a salir adelante y a volver a ser lo que alguna vez fuimos”, asegura Gabriel Giraldo, presidente de la Unión Vecinal de Fomento de Palmira y agrega: “Para lograrlo, nosotros los palmirenses estamos dispuestos a poner todo, las ganas y el trabajo, sólo necesitamos que el Gobierno nos de una pequeña mano y cumpla algunas de las muchas promesas que nos viene haciendo” (Ver aparte).

La fecha simbólica de la fundación de Palmira es el 1° de noviembre de 1884, momento en el que arribó al distrito la primera locomotora. Más tarde, en 1906 se montaron allí los talleres del ferrocarril y con ello el crecimiento del pueblo se volvió incesante durante las siguientes siete décadas. “Acá estaba centralizada la carga para toda la zona de Cuyo y buena parte del norte del país. En las décadas del 40 y el 50 prácticamente la mitad del pueblo trabajaba ahí”, recuerda Guillermo Páez quien arrancó como aspirante y llegó a ser maquinista.

“Después de la que hay en Junín de Buenos Aires, la de Palmira es la playa de operaciones más grande del San Martín. Había mucha prosperidad y cuando cobraban los ferroviarios se notaba en toda la zona, con decir que un maquinista ganaba el doble que un gerente de banco”.

En el ’46 se creó la Unión Vecinal de Fomento de Palmira, entidad que desde entonces se encargó de tramitar o encausar buena parte de las mejoras que va sumando el pueblo. Así, Palmira siguió creciendo hasta ser bautizada a fines de los 40 como ‘La niña bonita’ de los ferrocarriles argentinos. El flujo constante de gente que iba y venía hizo que los tres hoteles que se instalaran funcionaron siempre a a pleno. Así las cosas no fue extraño que recibiera visitas ilustres como la de Carlos Gardel o Juan Domingo Perón.

En 1972 y con más de 25.000 habitantes Palmira fue nombrada ciudad, y en 1984 insistió ante la Provincia con un viejo sueño, el de ser declarado departamento. “Tenía todo para serlo: la población y la independencia económica necesaria. Hasta mejores condiciones estructurales que Santa Rosa o La Paz, pero por cuestiones políticas nunca pudo conseguirlo”, explica Juan Vila, vicepresidente de la Unión Vecinal.

“También había otras fuentes de trabajo muy importantes como la fábrica Noel, que empleaba a 2.000 trabajadores, o la Duperial (hoy ISI, fabrica de ácido tartárico y alcohol etílico) que tenía unos 400 obreros”, comenta Juan Ortiz, vecino de la zona y agrega: “Hasta fines de los años ’70 la gente aquí podía destinar el 30% de lo que ganaba a esparcimiento. Hoy todo eso se acabó”.

Efectivamente, con la llegada de los ’90 Palmira hace un vuelco y empieza a escribir su historia más triste. La privatización de los ferrocarriles fue un mazazo para la ciudad y el cierre o la reducción drástica del personal en las fábricas completó un paisaje desolador que dejó a miles en la calle, muchos de los cuales hoy viven de changas o planes sociales. “Es una vergüenza que una ciudad con 42.000 habitantes deba realizar cualquier trámite en San Martín o en Mendoza”, dice Vila.

“Tenemos un centro de salud desmantelado, n los últimos 7 meses cambiaron cuatro veces al comisario porque cuando anda más o menos bien se lo llevan a Mendoza, las veredas del centro están destruidas, las plazas olvidadas y muchas calles siguen siendo de tierra. Por todo esto Palmira parece un pueblo detenido en el tiempo”, completa Giraldo.

Detalles

Ubicación: se encuentra al oeste de la ciudad de San Martín y se comunica con ésta a través de la ruta 50. Fundada en 1884 fue declarada ciudad en el ‘72 y es el segundo núcleo urbano más importante del departamento.

Población: tiene alrededor de 42.000 habitantes y su población es mayor que la de los departamentos cercanos como Junín, Santa Rosa o Lavalle.

Cuna ferroviaria: es sin dudas un pueblo que creció junto con el ferrocarril. De hecho su fundación está ligada a la llegada a la zona de la primer locomotora. Desempleo: cerca del 50% de la población activa se encuentra desempleada. Muchos trabajan fuera de Palmira, ya sea en la ciudad de San Martín o en el departamento de Maipú. También en trabajos en zonas rurales.

Promesas incumplidas

Los miembros de la Unión Vecinal recuerdan algunas promesas no cumplidas como la construcción del Parque de Servicios de Industrias, incluida en diversos presupuestos provinciales, que no muestra avance. Tampoco se concretó la idea de que a fines de 2005 anunció Jorge Giménez, el intendente de San Martín, cuando le pidió a la Provincia que implementara un subsidio de al menos un 20% en los gastos de luz y gas durante un lapso no menor a los cuatro años para las empresas que se radicaran en Palmira. “Si la Nación vuelve a montar los talleres ferroviarios tiene que hacerlo en Palmira porque acá están las instalaciones”, dijeron.

HITTLER EN PALMIRA?

Nunca me creí que Hitler estuviera aquí”
SAN MARTÍN– “El Loco nos complicó la vida con la historia que se inventó, armó un revuelo en todo Palmira”. Orlando Zapata no se olvidará nunca del escandalete que generó Primo Abdón Valenzuela al asegurar que Adolfo Hitler había pasado sus últimos días en Palmira.

Zapata era el encargado del cementerio del populoso distrito sanmartiniano en 1987, cuando el financista Max Gregorcic conmocionó a la opinión pública con la historia que el Loco, como lo llamaban a Valenzuela en Palmira, le contó. El cadáver de Hitler estaba enterrado en el cementerio, según la versión que rápidamente quedó desenmascarada, pero mientras tanto le dio cobertura al financista para escapar de la provincia estafando a los mendocinos que le confiaron su dinero.

“Recuerdo que tuvimos que cerrar el cementerio durante varios días. Llegaban periodistas de Buenos Aires, de otras provincias y hasta de Brasil, buscando la tumba adonde éste decía que estaba el cuerpo de Hitler”, relató Zapata. Valenzuela murió en el 2002 pero la historia que inventó no fue con él a la tumba, sino que quedó flotando en el inconsciente de los jarilleros para volver al centro de la escena con la reciente aparición del financista prófugo en Chile.

“Parece una comedia; antes y ahora es lo mismo. Ese hombre (por Gregorcic) siempre tiene una forma de escaparse, aunque esté rodeado por la policía”, sostuvo Zapata. Ayer, el hombre atendió unos minutos a este diario en la puerta de su casa, en Palmira, ubicada a pocas cuadras de la que habitó Valenzuela hasta morir y en la que aún viven su esposa y un hijo.

“Cuando salió por los medios la historia, el cementerio se convirtió en un loquero de gente que iba y venía. Decían que en una tumba estaba enterrado Hitler, una locura que yo no me creí nunca”, aseguró Zapata.

“Querían abrir los nichos –rememoró–, pero nunca trajeron una orden judicial. Por eso tuvimos que cerrar el cementerio muchos días. Abríamos nada más que un ratito cuando llegaba un acompañamiento y volvíamos a cerrar para preservar las tumbas”.

Con el correr de los días y la desaparición de Gregorcic, también se esfumó la presión sobre los empleados del cementerio y la incógnita sobre el pasado de Hitler en Palmira. “Era una historia increíble, yo no la podía creer, aunque muchos pensaron que podía ser”, reconoció el ex encargado del cementerio.

“Mirá si me iban a meter un muerto trucho sin que yo me diera cuenta”, reflexionó, y contó: “El 99porciento de los muertos que llegaban eran de Palmira y yo los conocía. Un número mínimo era gente sin parientes que traían de otros departamentos, pero tampoco era posible que entre esos me metieran a Hitler”.

Zapata conserva aún las revistas y diarios de la época, aunque no los quiso mostrar. “No tengo mucho para decir, lo único que sé es que ese loco nos complicó la vida a todos”, señaló. Asimismo, advirtió: “Soy el único que queda; los muchachos que trabajaban conmigo en aquella época ya están muertos”.